| Compré espuma suficiente para crear un personaje y dinamizar mis clases en línea. Comencé por el diseño de la cabeza. Los ojos, que me permitían ver a través de ellos, estaban circundados por unas largas pestañas, la boca, carnosa al sonreír, a nivel de sus encías, mostraba unos colmillos desmesurados y amenazantes, y sus fosas nasales daban la sensación caliente de hacer salir fuego de sus entrañas. La espalda, llena de cascos, sostenía los cachos de manera desafiante, y de las garras, salían unas tímidas uñas como invitando a rascarse a quien las mirara. Comencé a pigmentarlo con azules y verdes iridiscentes. Sus ojos color marrón comenzaron a saltar y entonces perdí el dominio de mi mano que, enloquecida, parecía seguir órdenes para que lo terminara de inmediato. Al día siguiente, entusiasmada con mi marioneta y la ilusión de presentársela a mis estudiantes —cuál no fue mi sorpresa— al verlo anclado en las alfardas del techo cuando de manera sarcástica me agradecía: —Gracias. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ahora tú serás mi títere... |
Patricia Morales Betancourt |
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